12.09.25.- En el Tiempo de la Creación de este Año Jubilar, en el que estamos llamados a ser Peregrinos de la Esperanza, una voz valiente resuena desde Brasi. La Comisión de Ecología Integral y Minería de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) ha publicado recientemente un contundente documento: el «Manifiesto por una Ecología Integral: una narrativa para enfrentar la crisis socioambiental planetaria». Inspirado por la encíclica Laudato Si’, este manifiesto nos invita a mantener la esperanza frente a la crisis climática. Una esperanza forjada en el compromiso radical con la justicia socioambiental.
Sus páginas ofrecen una lectura de los desafíos ecosociales de la sociedad brasileña desde la espiritualidad cristiana. Pero en la medida en que estos desafíos son globales, afectan a toda la Humanidad. Por eso su mensaje es universal y apela, como lo hizo el papa Francisco en Laudato Si’, “a cada persona que habita este planeta” (LS, 3).
Concebir el cuidado de la Casa Común como un deber intrínseco a la espiritualidad cristiana, no obstante, implica trascender la mirada contemplativa para participar de manera activa en el ámbito de lo político, lo económico y lo social. Es ahí donde se toman las decisiones que afectan a nuestro medioambiente y los ecosistemas. Como afirma el texto, “es urgente que nos preguntemos a partir de la fe cristiana, ¿qué testimonio, qué postura, qué narrativa defendemos ante las agudas crisis sociales y ecológicas?”
A pesar de la dificultad para llegar a consensos, el manifiesto presenta una serie de puntos de convergencia para responder a esta pregunta. En primer lugar, denuncia sin concesiones al modelo capitalista y extractivista que destruye la vida en nombre del lucro. Nos confronta con una verdad incómoda y es que la crisis ambiental y la crisis social son una sola, y esto nos exige una conversión profunda. La “narrativa cristiana liberadora” que se propone en el texto como marco para la acción pasa por “denunciar a los opresores y anunciar las alternativas que vienen de los descartados” (p.14).
Es ahí donde reside la esperanza. En la construcción de alternativas reales, muchas de las cuales ya están en marcha. Por ejemplo, en la defensa de los territorios de las comunidades, en las iniciativas que abrazan la agroecología como camino de vida, y en aquellas personas y colectivos que practican la «sobriedad feliz» como resistencia. Al identificar alternativas concretas, como el fortalecimiento de las economías locales y el respeto a la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas, el manifiesto abre nuevos horizontes para construir un futuro más equitativo y en armonía con la Casa Común.
Desde la Red Justicia en Minería creemos que es especialmente relevante su llamado a desenmascarar la minería depredadora y a exigir la desinversión en aquellas empresas que causan muerte y devastación. Nos interpela a reforzar nuestra labor de acompañamiento a las comunidades, a seguir denunciando las consecuencias del extractivismo y a presionar por políticas públicas que pongan la vida en el centro.
Pueden leer el manifiesto completo en español e inglés en los siguientes enlaces:



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