04.07.2025.- El próximo 10 de noviembre dará comienzo la trigésima Conferencia de las Partes firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Belém do Pará (Brasil). La expectación ante esta cita es máxima. No sólo entre la comunidad de especialistas en cambio climático, sino también entre las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales y las organizaciones religiosas y las instituciones eclesiales.
A cuatro meses de la celebración de la COP30, los obispos de las conferencias y consejos episcopales de África, América Latina y el Caribe, y Asia han aunado sus voces para hacer un Llamado por la Justicia Climática y la Casa Común. El documento está dirigido a los líderes gubernamentales y sus representantes, a quienes exhortan a trabajar por una ambiciosa implementación del Acuerdo de París en favor de las personas y del planeta. El llamado también se dirige a la Iglesia y al público en general para que vivan la “conversión ecológica” (papa Francisco) y aborden “las heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a la diferencia y un paradigma económico que explota los recursos de la Tierra y margina a los más pobres” (papa León XIV).

Transformaciones reales, no “falsas soluciones”
El contundente llamamiento de las Iglesias del Sur Global, publicado a comienzos de esta semana, resuena como una voz profética en el debate climático. Más que una mera declaración, es una advertencia crucial y una denuncia explícita de las «falsas soluciones» que, lejos de abordar la raíz de la crisis climática, amenazan con perpetuar y profundizar las injusticias existentes. La auténtica transformación, sostienen los obispos, no puede construirse sobre los mismos cimientos de desigualdad y explotación.
El comunicado denuncia la contradicción existente entre “utilizar las ganancias de la extracción de petróleo para financiar lo que se presenta como una transición energética, sin que exista un compromiso efectivo con su superación” (p.21). En este sentido, piden desvincular las idea de “progreso” y “desarrollo” con el uso intensivo de combustibles fósiles y critican la narrativa de la “economía verde” que, desde los años dos mil, viene sustituyendo la narrativa del desarrollo sostenible.
Detrás de esta “economía verde”, denuncian, “lo que hay es una lógica técnico-instrumental al servicio de la reestructuración ecológica del capitalismo” (p.27). La protección de los ecosistemas y el cuidado del medio ambiente se abordan como problemas exclusivamente económicos. De ahí las iniciativas para poner precio a los “servicios ambientales” que producen los bienes de la naturaleza y crear “créditos de carbono” para que, quienes contaminen, puedan pagar para compensar sus emisiones. Estos intentos por “financiarizar la naturaleza”, argumenta el llamamiento, dejan intacto el modelo de sociedad de consumo y el crecimiento sin propósito que, en última instancia, alimenta la crisis climática.
Las “falsas soluciones” identificadas en el documento apuntan también al extractivismo minero y el monocultivo energético. Diversos informes vienen anticipando un incremento exponencial de la demanda de minerales críticos para la transición energética, como el litio, el cobalto, el níquel o las llamadas tierras raras. Estos minerales son necesarios para fabricar tecnologías bajas en emisiones, como baterías y autos eléctricos, pero la carrera por obtenerlos corre el peligro de “devastar territorios y sacrificar comunidades especialmente en el Sur Global” (p.23). Asimismo, los megaproyectos de energías renovables a menudo se imponen sin consulta a las poblaciones locales, favoreciendo la concentración de poder y la destrucción de ecosistemas.
Por estos motivos, el llamamiento aboga por una transformación estructural del modelo económico. Apoya el despliegue e implementación de tecnologías éticas, descentralizadas y apropiadas para fomentar el desarrollo sostenible con la participación de las comunidades locales; subraya la necesidad de respetar los derechos humanos, especialmente los de las mujeres y promover, asimismo, estilos de vida basados en la “sobriedad feliz” de la que hablaba el papa Francisco en Laudato Si’ (LS, 223). En definitiva, se identifican una serie de medidas para abandonar una “economía que mata” y trabajar para construir una “economía del bien común”.
Puedes leer el documento completo y las propuestas para la acción que recoge aquí:


PRÓXIMO EVENTO: La extracción de minerales críticos y el acaparamiento de tierras desde la perspectiva de los pueblos indígenas
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